Herbario

Plantas que saben

Saberes del monte, la casa y el cuerpo

Las quebradas de San José del Quinche no solo cargan agua: guardan secretos verdes que han curado cuerpos, calmado espíritus y acompañado partos durante generaciones. Cada planta crece donde debe, como si el cerro supiera lo que su gente necesita. Algunas se dan junto al río, otras en los filos del camino o junto a los cercados; todas tienen su momento, su modo, su historia.

Se dice que el Marco, altivo y fragante, es un guardián de la energía: limpia los espacios cuando hay pesadez, y se lo usa en sahumerios cuando alguien ha perdido su centro. El Tipo —también llamado poleo quiteño— es caliente, se toma en infusión contra el resfrío, o se deja macerar con puntas para sudar el mal. El Ñachak ayuda a soltar lo que el cuerpo retiene, a aliviar el colerín, y desinflama como quien escucha lo que el cuerpo calla. El Chulco, por su parte, es la planta de los niños: lo mastican camino a la escuela por su sabor ácido, y con eso, dicen, se evitan las caries.

El verdadero tesoro de la memoria vegetal no radica en un inventario de especies, sino en la relación tejida entre las mujeres, las plantas y el territorio. Con algunas de ellas soñamos juntas: ¿y si las quebradas volvieran a ser habitadas, regeneradas y floridas, dejando de ser basureros y escombreras? ¿Y si las veredas tuvieran frutales y estuvieran llenas de medicinas? Tanto por imaginar… Lo veo en los ojos de Ximena, una mujer que ama su comunidad y se permite soñarse un San José que respeta la vida, que rescata sus semillas de maíz y frejol, que contagia a sus comuneros con la agroecología y logra que dejen de usar agroquímicos.
Aquí encontrarás un compendio vivo de estas plantas: con sus nombres locales, sus usos curativos, rituales o cotidianos. Es una invitación a volver a mirar el monte con respeto, a conversar con la tierra y dejar que sus remedios antiguos nos sigan hablando.